Capitulo I
Recuerdos
Jamás en lo que llevaba de vida, me había puesto a pensar en qué pasaría si algún día podría llegar a perder a un amigo. Un ser de suma importancia, alguien como un hermano, alguien con quien sabes que puedes contar y que sabe que contigo puede contar.
¿Cómo explicar lo que aquella noche sentí?, ¿cómo resumirlo en una palabra sin dejar de ser precisa? No existen todavía los adjetivos para hacer tal cosa.
Había perdido esa noche a alguien muy importante en mi vida; una amiga, que supo ser mi amiga en todo momento y que jamás volveré a verla en cuerpo y alma, solo en mis sueños y en mi corazón, en mis recuerdos.
Yo entiendo que no es lo peor que le puede pasar a uno en esta vida. Perder a un hijo, eso sí que no tiene nombre, yo lo viví en carne propia, pero es que ya me venían pasando una serie de cosas, y todas seguidas, que aquello fue lo último que esperaba, aunque sabía que pasaría algún día y que, con cada día ese día se acercaba mas y mas, porque mi amiga tenia los días contados.
Ella estuvo conmigo en los peores momentos de mi vida, y de alguna manera debía agradecerle lo que hizo por mí, y la mejor manera que encontré fue acompañándola en los últimos momentos que le quedaban.
Hoy quizá es el día más triste de toda mi vida. Me encuentro desolada, en medio del parque, bajo la lluvia que cae incesantemente y es cuando me invaden los recuerdos.
Recuerdos que no voy a olvidar, eso es seguro. Recuerdos que viví junto a ella. Y junto a él…
Parece que hubiese sido ayer cuando nuestras madres, que ya eran amigas, nos presentaron la una a la otra. Pero ya pasaron muchos años y muchas cosas desde que dejamos de ser unos bebés.
Sí desde bebés estuvimos juntas. Conozco a Helena desde que tengo uso de memoria y recuerdo que no hubo ni un solo día en el que no estuviéramos separadas.
Al menos cinco minutos nos bastaban para contarnos todo lo que habíamos hecho ese día sin vernos. Nos conocíamos tan bien que a veces las palabras estaban de más. Fue mi primera amiga, la mejor de todas.
Cuando comenzamos la secundaria, juntas, en un nuevo colegio, se nos unieron Rocío, Carla y Valentina. Éramos inseparables, íbamos de un lado para el otro las cinco.
Helena nació el 25 de diciembre de 1984; un hermoso día escogió para venir al mundo. Luego la seguimos Rocío, con solo un mes de diferencia a Helena. Yo nací en 1985, el 14 de febrero. Valentina cumple años en el mismo mes que el mío solo con la diferencia de cuatro días, y en el último lugar, Carla que cumple años en agosto. Aunque Helena haya sido la mayor del grupo, siempre la vimos como a la más pequeña, quizá la más débil, la que requería de nuestro apoyo y cuidado incondicional; pero sin dudas algunas, demostró ser la mas fuerte de todas nosotras, la que mantuvo al grupo unido, era la mejor.
Tal vez la considerábamos la más frágil, por todo lo que sufrió en esta vida. Su madre Pamela, murió cuando ella iba a cumplir dieciséis años. Su familia después de ese acontecimiento comenzó a decaer en un pozo depresivo. Al señor Guillermo le costó mucho poder mantener a su pequeña familia con un solo pilar; claro es difícil recomponerse de una gran perdida como lo es la perdida del amor de tu vida, del cual vives y harías hasta lo imposible por proteger. Solo ahora me doy cuenta de este hecho.
Helena con solo dieciséis años, asumió el rol del otro pilar de su familia, para que no decayera, ¿pero quién la sostendría a ella? Es aquí donde entramos nosotras, siempre estuvimos allí, para cualquiera del grupo. Para cualquiera que lo necesitase. Siempre íbamos a estar allí para cualquiera.
Hoy nuestra querida amiga ya descansa en paz, por fin, fue un largo viaje para ella, largo, doloroso. La extrañaremos mucho por supuesto pero la recordaremos con mucho, muchísimo amor.
La primera imagen que vino a mi mente sin mayor esfuerzo fue nuestro primer día de secundaria; allí es donde comienza esta historia. Una simple historia de vida, pasión y amistad…

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